Era
lógico. Clase es clase. Burguesía es burguesía. Dinero es dinero; interés es
interés. El salto a la palestra electoral de Carlos Slim no es un acto de
participación patriótica en bien de la nación. Es para apoyar el “andamiaje”
que Peña mencionó en Mazatlán el pasado 15 de abril.
Atrás
está el interés de ayudar a Ricardo Anaya a remontar la desventaja enorme que
lleva ante López Obrador. A Anaya, sí.
Porque José Antonio Meade, que ingenuamente se prestó a la farsa de ser
candidato, está listo para pasar como simple dato a la historia. El bloque de
empresarios beneficiados por el neoliberalismo se lanza a la guerra defendiendo
a Anaya. Así de claro.
El
oscuro adquirente de TELMEX, o mejor dicho, la forma oscura en que obtuvo esa
empresa tenía que exigirle en un momento dado dar la cara. Y es el momento. De
donde venga la atenta petición o el fraternal llamado de ayuda al barco que se
hunde, da lo mismo… y que no se piense que es el barco llamado Meade. Meade
está fundido. No levantará jamás. Pero el proyecto del “andamiaje que hemos
trazado”, al decir de Peña, es el proyecto de la burguesía; es el proyecto para
impedir a toda costa que se haga la voluntad mayoritaria del pueblo mexicano
que está decidido a imponerse y a no permitir otra vez el fraude salinista que impidió que en 1988 el pueblo mexicano
retomara el proyecto que no olvida y que es la aspiración general de elevación y mejoramiento de los niveles de
vida, la independencia y la
soberanía nacional y el perfeccionamiento del régimen democrático que el neoliberalismo ha impedido con sus
fraudes electorales y sus políticas públicas. Los fraudes de 1988, 2006 y 2012,
sin mencionar los que a nivel de los estados y municipios se han realizado,
como destacadamente, hay que recordar, el del Estado de México de 2017 con
Alfredo del Mazo.
El
pretexto del llamado Nuevo Aeropuerto es lo de menos. Desesperado se nota el
ingeniero que pareciera no saber de leyes y política cuando dice: ”Los
candidatos no tienen por qué opinar… lo que ya se decidió hace cinco años”… Qué
absurdo que a los candidatos Slim les quiera callar la boca. Mal signo del
señor Slim. Mala señal. Absolutismo. ¿Ignorancia? ¿Desesperación? Cuando uno se
mete al debate hay que saber y no se ve muy ducho en ello. La respuesta de AMLO
“que lo pague con su dinero”, es contundente.
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